sábado, 11 de agosto de 2012

CHAKRAS

Desde las espirales del Universo, a los miles de átomos que se reordenan en un grano de arena… el Universo se componen de espirales que hacen girar la Energía. Los chakras son centros de recepción, asimilación y transmisión de energía al organismo. Siguen el mismo movimiento espiral que la energía en el espacio, abastecen de energía vital a todas las células del cuerpo físico, y a nuestros cuerpos mentales, emocionales y espirituales.

Aunque en el cuerpo existen numerosos chakras, los que principalmente se trabajan en Reiki, son los chakras mayores y estos son 7:

1.      Chakra o chakra raíz.

2.      Chakra o chakra sexual.

3.      Chakra o chakra plexo solar.

4.      Chakra o chakra corazón o cordial.

5.      Chakra o chakra garganta.

6.      Chakra o chakra del tercer ojo.

7.      Chakra o chakra corona.

La palabra chakra proviene de una antigua lengua llamada sánscrito, y significa “rueda” o “disco”. Descrito como un remolino que gira, un chakra es un punto de intersección entre los diferentes nadis conductores de la energía de todos nuestros cuerpos energéticos.

En algunas culturas orientales también han recibido el nombre de loto, recurriendo al símbolo de los pétalos que se abren con el que se describe metafóricamente la apertura de un chakra. Estas flores tienen un carácter sagrado en la India. Como brotan del barro simbolizan el camino de la evolución que recorre el ser primitivo al principio, hasta el pleno florecimiento de su conciencia, lo que refleja el camino desde el chakra base, arraigado en la Tierra hasta el “loto de mil pétalos” de la corona. Y como el loto, los chakras tienen pétalos cuyo número varía de unos a otros, creciendo de abajo a arriba (4, 6, 10, 12, 16, 24, 1000 pétalos). Al igual que las flores, los chakras pueden estar abiertos o cerrados, marchitos o apuntando a la floración, según el estado de la conciencia que contienen. Estos centros son puertas de acceso a los diferentes cuerpos energéticos, pongamos como ejemplo el emocional, conecta con el cuerpo físico. Esta interacción, a su vez, matiza nuestras actividades en el mundo exterior y nuestras relaciones con los demás.

La mayor o meno apertura de los chakras viene definida por un conjunto de patrones o programas, tales como: la formación y educación recibida por los padres y educadores, nuestra cultura, nuestra constitución física, incluso situaciones tan importantes como la forma en la que fuimos concebidos, nuestro proceso de gestación y las situaciones en las que nacemos. Estas pautas y patrones pueden perpetuarse, de manera que uno queda atrapado en la pauta de la acción de algún chakra, que se reproduce a sí mismo sin cesar. A esto se le llama “bloqueo del chakra”.

Los tres primeros chakras, básico (1º), bazo o esplénico (2º), y plexo solar (3º), hacen de mediadores, entre el 4ª (emociones) y este entre el 5º, 6º y 7º, estos tres chakras superiores, el de la garganta (5º), el tercer ojo (6º) y el de la coronilla (7º chakra), controlan la parte espiritual de la persona. Si hay un bloqueo en alguno de los tres primeros, estarán también afectados los demás, ya que la energía no fluirá adecuadamente por la columna vertebral, que es el conducto por donde circula.

Los antiguos maestros enseñaban a sus discípulos a estar siempre atentos, es decir, a prestar atención a las diversas emociones y actitudes que mostraran o experimentaran a lo largo del día. Haciendo esto, los discípulos podían entonces determinar qué chakras tenían una mayor probabilidad de estar desequilibrados para más tarde, al finalizar el día, dedicar un cuidado especial a la tarea de equilibrar esos centros. De esta forma, el desequilibrio no tendría ocasión de acumularse, llevando en última instancia a provocar o agravar un problema físico. Nosotros podemos hacer lo mismo.

  

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